Cosas que uno descubre de adulto
- Jul 20
- 2 min read
Wao... ni recuerdo la última vez que escribí un blog. Puede que haya pasado solo una semana o puede que hayan sido varias. Para serles sincera, no tengo idea.
¿Qué hay de nuevo?
Acabo de entrar a ChatGPT y me di cuenta de que tiene un update nuevo. Súper weird. Hasta me desconectó y tuve que volver a iniciar sesión. Lo mismo me pasó con la página del blog. Jajaja.
Empezamos bien.
Pero bueno, en estas semanas han pasado muchas cosas. Y hoy descubrí algo completamente inesperado sobre mí.
Resulta que me dan ganas de vomitar cuando tengo que ponerle una inyección a alguien.
Recuerdo que cuando era pequeña mi abuela era diabética. Digo "era" porque ya hace casi diez años que falleció. Ella muchas veces me pedía que le pusiera la insulina, y yo siempre encontraba una excusa para decir que no.
En ese momento pensé que simplemente era porque era una niña.
Pues resulta que no.
Hace poco mi esposo me pidió que le pusiera una inyección. Ya es la segunda vez que lo hago y las dos veces me ha pasado exactamente lo mismo: se me revuelve el estómago, me dan náuseas y siento unas ganas horribles de vomitar.
Tú sabes que hay personas que no pueden ver sangre. Otras que se desmayan con las agujas.
Pues yo descubrí que puedo poner la inyección... pero mi cuerpo protesta después.
Lo más curioso es que no me da miedo. No cierro los ojos. No me desmayo. La pongo sin problema. Pero apenas termino, siento un revolú en el estómago que todavía horas después sigue ahí.
Y mientras escribo esto, todavía me siento igual.
Qué cosa más rara, ¿verdad?
Supongo que uno nunca termina de conocerse. Hay cosas que llevan toda la vida escondidas y solo aparecen cuando la vida te pone en esa situación. Pensé que de niña simplemente no quería hacerlo. Hoy entendí que, en realidad, mi cuerpo llevaba años intentando decirme que las agujas no son lo mío.
Y aun así... se la puse.
Porque a veces hacer un favor también significa hacer algo que te incomoda.
Al final, nunca dejamos de descubrir cosas sobre nosotros mismos. Algunas importantes. Otras completamente random, como descubrir que poner una simple inyección puede revolverte el estómago por horas.
Y la verdad... creo que prefiero seguir descubriendo esas pequeñas rarezas. Son las que hacen que uno se conozca un poquito más.

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