El borrador que nunca verá la luz
Hoy borré un borrador.
No un post publicado. No uno que alguien leyó. Uno que llevaba semanas esperando en silencio.
Esperando... ¿qué?
No lo sé.
Simplemente estaba ahí, ocupando un espacio, recordándome una parte de mi vida y de mi mente que ya no quiero seguir alimentando.
No dudé.
Lo borré.
Y ya.
¿Me arrepiento? No.
De hecho, ni siquiera recuerdo exactamente lo que decía. Tal vez sí recuerdo el tema, porque hay cosas que la memoria guarda aunque las palabras desaparezcan. Pero una cosa es recordar, y otra muy distinta es decidir seguir viviendo ahí.
No todos los pensamientos merecen convertirse en historias.
No todos los borradores merecen publicarse.
Y eso también está bien.
A veces creemos que cerrar un capítulo significa escribir un gran final. Pero otras veces, cerrar un capítulo es tan simple como presionar "Eliminar".
Sin explicaciones.
Sin despedidas.
Solo decidir que ya no quieres seguir visitando ese lugar.
Porque soy mucho más que un post que nunca me atreví a publicar.
Y quizás ese borrador cumplió su propósito sin que nadie lo leyera. Tal vez solo necesitaba existir el tiempo suficiente para ayudarme a entender algo de mí.
Ahora viene el cumpleaños de mi hija.
Y, sinceramente, eso es lo único que quiero que ocupe mi mente.
Quiero reír, celebrar, verla feliz y disfrutar el momento.
Ya no estoy para cargar historias que decidí dejar atrás.
Hay recuerdos que tardan más en borrarse que un archivo.
Pero también sé que cada vez ocupan menos espacio.
Y eso, para mí, ya es una forma de seguir adelante.

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