Las versiones de mi que tuve que dejar atrás.
- Jun 12
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Updated: Jun 13
Hay historias que uno no recuerda porque fueron las más importantes.
Las recuerda porque fueron las que más enseñaron.
Hace muchos años pensé que tenía un grupo de amigas para toda la vida. Compartíamos días, secretos, planes y recuerdos. O al menos eso era lo que yo creía.
Hasta que un día descubrí que todos sabían algo menos yo.
Y no, esta no es una historia de amor.
Es una historia de amistad.
De esas amistades que te hacen creer que estás rodeada de personas que te quieren, hasta que te das cuenta de que algunas conversaciones ocurren cuando tú no estás presente.
Recuerdo el dolor de aquel momento. No por un muchacho. No por los rumores. No por los dramas de la escuela.
Lo que dolió fue descubrir que la lealtad que yo ofrecía no era la misma que estaba recibiendo.
Por mucho tiempo pensé que aquella experiencia me volvió desconfiada.
Hoy creo algo diferente.
No me volvió desconfiada.
Me enseñó a elegir.
Me enseñó que la cantidad de años no define una amistad.
Que hay personas que llevan una década en tu vida y nunca llegan a conocerte de verdad.
Y hay otras que llegan mucho después y se convierten en hogar.
Quizás por eso hoy mi círculo es pequeño.
No porque no crea en las amistades.
Sino porque aprendí que la lealtad vale más que la historia compartida.
Y algunas lecciones, aunque duelan, terminan convirtiéndose en regalos disfrazados.

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