Me arreglo porque me da la gana
- Jun 22
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Ayer tuve una conversación que me dejó pensando más de lo que esperaba.
Todo comenzó con un video.
Uno de esos videos que aparecen en las redes sociales y que alguien decidió convertir en verdad absoluta.
Según el video, cuando una mujer empieza a arreglarse más, es porque está enamorada.
Recuerdo quedarme mirándolo sin entender cómo todavía hay personas que piensan así.
¿Por qué cuando una mujer decide verse bien, la explicación tiene que ser otra persona?
¿Por qué si se compra ropa nueva, se arregla el cabello, se maquilla o simplemente empieza a sentirse bonita, alguien asume que hay un hombre detrás de todo eso?
Como si el amor propio fuera tan difícil de creer que tuviera que ser reemplazado por una historia romántica.
La conversación no terminó ahí.
Más tarde estaba hablando de mi entrenador cuando escuché otra pregunta que me dejó igual de confundida:
"¿Estás enamorada de él?"
Y ahí fue cuando entendí qué era lo que realmente me estaba molestando.
No era la pregunta.
Era la idea de que todo lo que hago tiene que estar relacionado con alguien más.
Como si una mujer no pudiera admirar a una persona sin enamorarse.
Como si no pudiera arreglarse porque le gusta verse bien.
Como si no pudiera sentirse orgullosa de sí misma sin que exista una razón externa.
Lo curioso es que jamás escucho las mismas preguntas en dirección contraria.
Nadie le pregunta a un hombre si se recortó porque está enamorado.
Nadie le pregunta si empezó a vestirse mejor porque le gusta alguien.
Nadie busca una explicación romántica detrás de cada decisión que toma.
Y sin embargo, con nosotras pasa constantemente.
Quizás porque todavía existe la idea de que una mujer gira alrededor de las personas que ama.
Pero tal vez la respuesta es mucho más simple.
Tal vez me arreglo porque me gusta cómo me veo.
Tal vez me compro ropa porque me hace sentir bien.
Tal vez estoy aprendiendo a dedicarme tiempo otra vez.
Tal vez estoy redescubriendo partes de mí que quedaron escondidas entre responsabilidades, rutinas y años de cuidar a todo el mundo antes que a mí misma.
Y tal vez, después de tanto tiempo, estoy recordando algo importante:
No todo tiene que tratarse de alguien más.
A veces se trata de mí.
Y eso también es amor.
El amor propio.

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