No necesito permiso para pensar diferente.
- Jun 19
- 1 min read
Hubo un tiempo en que me preocupaba mucho lo que los demás pensaran de mí. Si les gustaba lo que escribía. Si estaban de acuerdo. Si aprobaban mis opiniones.
Pero últimamente he aprendido algo.
No todo lo que comparto tiene que gustarle a todo el mundo.
Hice un video hablando de amor propio. De cómo no todas las emociones tienen que girar alrededor de otra persona. De cómo a veces lo más bonito que sentimos es hacia nosotros mismos.
Y alguien me dijo que debía borrarlo.
No porque estuviera mal.
No porque fuera ofensivo.
Simplemente porque no le gustó.
Y ahí entendí algo.
Si cada vez que alguien se incomoda con una idea decidimos callarnos, terminamos viviendo la vida de los demás en lugar de la nuestra.
Las opiniones son como las ventanas. Puedes mirar a través de ellas o seguir caminando.
Pero no tienes que romper la casa porque no te gustó la vista.
Mi voz no existe para complacer a todo el mundo.
Existe para contar mi historia.
Y quien no conecte con ella, siempre tiene una opción muy sencilla:
Pasar de largo.

Comments